Ahora que se pueden comer naranjas en septiembre y la temporada de las fresas empieza en abril, parece lógico que las navidades lleguen a finales de noviembre, a más tardar.
Durante la carrera, mis navidades eran felices porque marcaban el final de largas ausencias. En mi primera vuelta a casa, ella puso un disco antes de cenar. Me dijo que era
Moon Safari, de un grupo francés llamado Air. Si entonces yo hubiera sabido algo de música, me habría encantado. No fue el caso y se lo dije muy clarito.
Poco después, nos sentamos frente a una enorme ensalada de pasta que no me gustó demasiado, y así se lo hice saber. Ella no dijo nada. Para mí, el resto de la velada fue delicioso. Ella no podía saber que aquella era la primera de muchas noches amargas.
A lo largo de los años he ido aprendiendo a ser menos imbécil, a escuchar música francesa cuando estoy triste, a reconocer una buena ensalada. En días como hoy, cuento las cicatrices de todos aquellos momentos maravillosos que acabaron siendo recuerdos horribles. En días como hoy, mientras cuelgo los adornos de navidad, tengo ganas de pedirle perdón por haberle hecho comer tantas naranjas en septiembre, tantas fresas en abril.
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